El vals del suicida
Al borde del acantilado
He visto discurrir erráticamente días
parado en un pie, mordiéndome las uñas,
consumido en el más profundo sueño
para no dejar morir esta visión,
escapada de alguna cárcel de refugiados solares.
Caminante sin hito,
transeúnte ebrio de cambio,
como un trompo en sus últimas vueltas
y que grita:
¡No!, ¡No quiero morir sin saber porque giro!
Yo giro.
Corriendo a tu cabaña me hiero,
tropezando en la maleza demoro,
pero pese a haber perdido el último transporte a Orión,
aún sigo tus huellas perdidas.
Enamorado de tus palabras y de tus manos
de tus vísceras celestes bañadas por espinas.
Sangrante.
Disimulando la vil lanzada que perforó tu última súplica:
¡Allí voy, Utopía,
espérame al final del túnel!
Publicado originalmente en En Dos Palabras, 2.1 (2002).
Rebeldía nostálgica
En este mundo de plástico,
una maquina destruye las risas
de los seres, de los humanos,
de los vivos y de los muertos.
En este lejano planeta,
aislado de toda razón,
los chacales lo silencian todo
y con una sola llamada encubren lo violado.
Aquí, en Merla,
los seres se fulminan entre sí.
Hasta la alegría protesta de sus colores:
proféticamente se silencia lo cumplido.
Se cansa lo neon de la noche
que patina dormida entre la nieve mientras
el ingenuo efímero goza en el gordo lodo
olvidándose de los hermanos ausentes.
La luna está harta.
Se va alzar en armas.
Reflexiones finales
Chacales nos envuelven y nos matan.
Homicidas, fratricidas, matricidas, parricidas:
murallas que nos impiden traspasar esta frontera que se marca
entre los universos y nuestras simples dimensiones.
Son ellos que con su terrorismo de estado nos destripan.
Son ellos que con su falsa ayuda nos desentrañan
de la residencia, de la existencia, del arcadiano poder ser.
Y es que esta tan cerca, entre nosotros,
mordiéndonos las orejas, devorando nuestras vidas,
vendiendo a nuestros hermanos.
Y mientras los pocos elegidos invocan una esperanza,
sus fétidos gestos reniegan nuestra proximidad
desmaterializando las quimeras,
ahuyentando un posible cambio.
Y siguen robando las palabras,
y hurtando el estado de conciencia.
Y siguen con su maldita maniobra global,
sus maniobras publicitarias.
Y siguen con su nepotismo anormal
y ese neoliberalismo que compra el alma.
Y siguen con su manipulación de medios de comunicación
que compra hasta el karma.
(bis)
He visto discurrir erráticamente días
parado en un pie, mordiéndome las uñas,
consumido en el más profundo sueño
para no dejar morir esta visión,
escapada de alguna cárcel de refugiados solares.
Caminante sin hito,
transeúnte ebrio de cambio,
como un trompo en sus últimas vueltas
y que grita:
¡No!, ¡No quiero morir sin saber porque giro!
Yo giro.
Corriendo a tu cabaña me hiero,
tropezando en la maleza demoro,
pero pese a haber perdido el último transporte a Orión,
aún sigo tus huellas perdidas.
Enamorado de tus palabras y de tus manos
de tus vísceras celestes bañadas por espinas.
Sangrante.
Disimulando la vil lanzada que perforó tu última súplica:
¡Allí voy, Utopía,
espérame al final del túnel!
Publicado originalmente en En Dos Palabras, 2.1 (2002).
Rebeldía nostálgica
En este mundo de plástico,
una maquina destruye las risas
de los seres, de los humanos,
de los vivos y de los muertos.
En este lejano planeta,
aislado de toda razón,
los chacales lo silencian todo
y con una sola llamada encubren lo violado.
Aquí, en Merla,
los seres se fulminan entre sí.
Hasta la alegría protesta de sus colores:
proféticamente se silencia lo cumplido.
Se cansa lo neon de la noche
que patina dormida entre la nieve mientras
el ingenuo efímero goza en el gordo lodo
olvidándose de los hermanos ausentes.
La luna está harta.
Se va alzar en armas.
Reflexiones finales
Chacales nos envuelven y nos matan.
Homicidas, fratricidas, matricidas, parricidas:
murallas que nos impiden traspasar esta frontera que se marca
entre los universos y nuestras simples dimensiones.
Son ellos que con su terrorismo de estado nos destripan.
Son ellos que con su falsa ayuda nos desentrañan
de la residencia, de la existencia, del arcadiano poder ser.
Y es que esta tan cerca, entre nosotros,
mordiéndonos las orejas, devorando nuestras vidas,
vendiendo a nuestros hermanos.
Y mientras los pocos elegidos invocan una esperanza,
sus fétidos gestos reniegan nuestra proximidad
desmaterializando las quimeras,
ahuyentando un posible cambio.
Y siguen robando las palabras,
y hurtando el estado de conciencia.
Y siguen con su maldita maniobra global,
sus maniobras publicitarias.
Y siguen con su nepotismo anormal
y ese neoliberalismo que compra el alma.
Y siguen con su manipulación de medios de comunicación
que compra hasta el karma.
(bis)


0 Comments:
Post a Comment
<< Home